domingo, 10 de marzo de 2013
Capítulo 3
Habían pasado un par de horas desde el encuentro con el gato del río, ese mismo que le recordó que existía algo más que él en ese instante, ese que le hizo ver que todo era real. Habían pasado horas en el reloj suizo que desde niño lo acompañaba, pero en su joven e inflexible mente habían pasado días, una sensación completamente nueva para su vocabulario corporal. Ahora estaba en su cama, mirando las paredes que lo separaban de una vida que no deseaba, de una realidad que hoy, después de muchos años de negar, odiaba. Nada podía quitarle de su mente la imagen fugaz de la mujer que ahora lo encerraba en esa caja como a un niño indefenso que no entiende lo que pasa en el indiferente mundo de los adultos. Entre el velo de las cortinas que suavemente se mecían con la brisa que entraba por la ventana, comenzaban a invadir su refugio algunos rayos de luz, rayos de energía que el día anterior le habían hecho levantarse, desayunar, salir como de costumbre y sin piedad ni previo aviso, le habían puesto frente a el a la despiadada mujer que hoy le sacudía el pecho y le quitaba el aire.
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