viernes, 12 de abril de 2013

Forjando el espejo

En la pared el viejo reloj marcaba las 18:50, Amanda estaba por regresar a casa, la esperaba con ansias. En su cuerpo comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de una gripe, nunca había sido tan susceptible a enfermarse como en los últimos 6 meses, entre algunas complicaciones estomacales y gripes que iban y venían le habían llevado a no sentirse para nada a gusto consigo mismo. Habían pasado ya 8 peses de aquel episodio que de vez en cuando, por las noches, recordaba con nerviosismo. 
Siempre se había considerado un hombre fuerte e independiente pero el haber enfermado tanto el último tiempo le había obligado a contratar a una persona para que le ayudara en los cuidados del departamento, y aunque no estaba en el contrato, en el cuidado de él mismo. Amanda trabaja a tiempo completo, sólo lo dejaba por las tardes y noches de Viernes y Sábado que eran los minutos que ella tenía para sus temas personales, el resto de la semana se quedaba con él acompañandolo. Él nunca tuvo problemas económicos, venía de una familia adinerada, hijo único que había heredado la compañía que su padre tardó toda una vida en formar. No conocía muchos detalles de Amanda, no le interesaba, trataba de mantener la relación con ella como estrictamente laboral, lo intentaba, sólo una extraña sensación cuando la vio por primera vez le hizo comprender inmediatamente que ella era la persona indicada, algo difícil de explicar, mucho más para una persona que no acostumbraba a decir lo que sentía. De vez en cuando conversaban,  nada muy profundo ni personal, cada vez que se avecinaba algún tema más personal, él se encargaba de recordarse a sí mismo que era sólo una relación laboral que en cuánto el mejorara de su salud, acabaría. Cuando habían pasado varios minutos desde que se detuvo a ver desde el balcón notó que Amanda se estaba tardando más de lo habitual, la compilación de Vivaldi que sonaba en su departamento ya había sonado completa, en calle comenzaban a cerrar los locales de artesanías que rondaban la plaza frente al departamento. Amanda no había llamado ni avisado de algún inconveniente para llegar al trabajo y él comenzaba a preocuparse. 
En su cabeza comenzaban a surgir algunas preguntas entre la preocupación y cierto grado de desesperación que le sorprendió. Bajó por el ascensor hasta el recibidor, caminó deprisa donde el guardia a preguntar si había visto a Amanda llegar, el guardia, que conocía a Amanda bastante bien, le respondió a cada una de las preguntas que él le hizo en menos de 3 minutos, entre que él seguía haciéndole las mismas preguntas pero con distintas palabras, por las puertas del gran edificio que lo refugiaban del mundo, entró una muchacha agitada y sonriente, con su respiración rápida y su cuerpo notoriamente acalorado se acercó y le dijo: Hola Vincent, perdón por la demora.

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 3

Habían pasado un par de horas desde el encuentro con el gato del río, ese mismo que le recordó que existía algo más que él en ese instante, ese que le hizo ver que todo era real. Habían pasado horas en el reloj suizo que desde niño lo acompañaba, pero en su joven e inflexible mente habían pasado días, una sensación completamente nueva para su vocabulario corporal. Ahora estaba en su cama, mirando las paredes que lo separaban de una vida que no deseaba, de una realidad que hoy, después de muchos años de negar, odiaba. Nada podía quitarle de su mente la imagen fugaz de la mujer que ahora lo encerraba en esa caja como a un niño indefenso que no entiende lo que pasa en el indiferente mundo de los adultos. Entre el velo de las cortinas que suavemente se mecían con la brisa que entraba por la ventana, comenzaban a invadir su refugio algunos rayos de luz, rayos de energía que el día anterior le habían hecho levantarse, desayunar, salir como de costumbre y sin piedad ni previo aviso, le habían puesto frente a el a la despiadada mujer que hoy le sacudía el pecho y le quitaba el aire.

jueves, 16 de agosto de 2012

Capítulo 2

En medio del tinte verde de los árboles a su alrededor, de a poco dejándose seducir por el negro que venía con el anochecer, pensó en lo sucedido hace un par de horas. Por un par de segundos el tiempo cedió y sus ojos se humedecieron. El recuerdo de aquella vida sin sentido le inundaba de una sensación desconocida para su existencia.
Sólo la había visto una vez, sólo sintió su olor, por una vez. Su suave voz fue el detonante de la avalancha que terminó por acabar la perfecta vida que creía tener. Una mujer con una sonrisa mágica era la responsable de la tempestad en su imaginación. Ahora vivía, ahora la odiaba, en lo más profundo de su ser sabía que la deseaba. Identificar lo que sentía se volvía complejo cuando lo embargaban sensaciones que nunca había experimentado, peor aun sus inútiles intentos por formular alguna palabra que le devolviera la razón. Entre tanta lejanía a los sentimientos que lo habían llevado a estar ahí, en ese río, en ese frío día, solitaria compañía de un mundo que creía conocer, pero que ahí, en ese río, le hacía sentir insignificante e increíblemente estúpido. La catarsis comenzaba a manifestarse, y poco a poco, aquellas palabras que antes carecían de sentido, comenzaban a pelearse por brindarles la verdad que hoy estaban dispuestas a entregarle.

Capítulo 1

Aquellos ojos negros se posaron en la silueta de su reflejo en el agua. A un costado del río la compañía de las aves parecía ser más ruidosa que de costumbre. Entre melancólicos pensamientos la noche comenzaba a acercarse a su piel, nada comparable a la tortuosa espera de un mínimo rastro de humanidad a su alrededor, o lo que fuera peor, en sí mismo. Sus manos comenzaban a sentir el efecto de soportar por tantas horas el peso de su cabeza. Su esperanza enfocada en el otro lado del río. La espera del reloj apuntaba al futuro, lo desconocido y anhelado le impedía mirar al pasado, su melancolía sólo se resumía al recuerda de una vida fácil. Sus sentidos se agudizaban y el sabor del té que lo acompañaba poco a poco comenzaba a adormecerle la lengua. Un pequeño diálogo hipotético con un gato que parecía más esperanzado aun le hizo cuestionar su estado mental. Había estado la noche anterior bebiendo vodka hasta caer de la anestesia que el licor le brindaba. No había razones para llorar en su mundo, la idea de encontrarse con algo que le ilusionara dentro de tanta estupidez se había desvanecido con el pasar de las horas y los últimos años de su vida. La imagen de la única mujer capaz de quitarle la respiración volvía a su mente una y  otra vez, más su cobardía le recordaba lo sucedido y le traía al cuerpo aquel ardor en su pecho que tan extraño le parecía.